
SINOPSIS: Kyoko, una mujer japonesa que trabaja como secretaria en una empresa cosmética en Tokio. La historia explora temas como el choque entre la tradición y la modernidad, la obsesión por el trabajo, las relaciones familiares y la condición femenina en la sociedad japonesa.
La incomodidad tranquila de una lectura sencilla
Empecé Una joven en Tokio sin saber que formaba parte de una saga. Lo escogí con curiosidad, atraído por su brevedad, por ese aire de novela japonesa sencilla, y por la sensación de que sería una lectura ligera. Y en cierto modo lo fue: la escritura de Shimazaki es directa, clara, con capítulos cortos que invitan a avanzar sin esfuerzo. Pero lo que no esperaba era que, al terminarla, me quedara pensando en ella durante horas.
La protagonista, Kyoko, es una mujer de 35 años, independiente, atractiva y centrada en su carrera profesional. Su mundo emocional, sin embargo, parece cuidadosamente compartimentado: mantiene relaciones ocasionales, evita el compromiso y mantiene las distancias. Todo se mantiene en equilibrio… hasta que algo —alguien— lo tambalea.
La historia, en apariencia sencilla, esconde silencios que pesan. No hay grandes revelaciones ni escenas dramáticas, pero sí una tensión constante, una especie de incomodidad sutil que se cuela entre líneas. Al cerrar el libro, sentí que algo quedaba sin resolver, y no porque la historia esté mal cerrada, sino porque el final, aunque aparentemente conclusivo, deja un eco. Un hilo suelto. Una pregunta sin respuesta.
Un elemento que me sacó un poco de la lectura fue el uso de iniciales para referirse a personajes secundarios. Me costaba recordar quién era quién, y me alejaba de esos vínculos que ya eran, de por sí, distantes.
Después de haberla acabado y de indagar un poco por las redes en ella y en la autora, descubrí que esta novela forma parte de una pentalogía, donde los miembros de la familia Niré van ocupando el centro narrativo en distintos libros. Saber eso reconfiguró parte de mi experiencia: entendí que había leído una pieza suelta de un mosaico más amplio. Y sí, ahora me apetece leer las demás. Quiero entender más a Kyoko, pero también a los que están alrededor, a los que solo se insinúan en su historia.
En resumen, no puedo decir que Una joven en Tokio me haya encantado. Pero tampoco puedo decir que no me haya gustado. Hay lecturas que se imponen con fuerza, y otras que entran en silencio y se quedan. Esta ha sido una de esas. Y quizás, después de todo, eso también es una forma poderosa de narrar.
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