Os voy a ser sincero: tengo una sensación extraña cada vez que veo el logo de Marvel últimamente. Es una mezcla de cansancio y de una nostalgia que no me esperaba. Cuando terminó Endgame, se me quedó un vacío cuerpo que, en el fondo, sabía que iba a ser imposible de llenar. Pero oye, veníamos de diez años tan bien hechos con la Saga del Infinito que yo tenía fe. El crédito que tenían conmigo era infinito.
Pero, ¿qué ha pasado? Pues que, salvo un par de excepciones, lo que ha venido después me ha dejado muy frío. Ha llegado un punto de colapso con tanto material y tan poca chicha que me he vuelto un poco indiferente. He pasado de no perderme ni un estreno en el cine a, directamente, no tener ganas ni de ponerlas en la tele cuando salen en Disney+.
Mi límite fue Thor: Love and Thunder. Ahí dije: «por aquí no paso». Me negué a verla en el cine. Y es que Thor ya me empezó a fallar en Ragnarok; sé que a mucha gente le encanta, pero a mí me pareció un chiste de principio a fin y le perdí el respeto al personaje. Ahí me di cuenta de que el problema no es que haya mucho Marvel o que el Multiverso sea un lío (que si prestas un poco de atención, se entiende de sobra). El problema es que se han dejado el alma por el camino. Son pelis de aventuras, sí, pero ya no transmiten nada. No llegan.
Yo no vengo de los cómics (y me da igual)
Para los que me leéis siempre, ya sabéis que yo no soy de cómics. Alguna cosa suelta de Spidey o los X-Men, pero poco más. Mi rollo es el cine y la tele. Por eso mi punto de vista es puramente audiovisual. No me vais a ver comparando si el traje es igual al de la viñeta o si ese villano en el papel era más fuerte. Si la peli es buena y el personaje me cuenta algo, me vale, aunque los puristas se lleven las manos a la cabeza.
De hecho, ni siquiera me gustaban los superhéroes antes del UCM. Las pelis de X-Men o Daredevil me daban bastante igual. Solo salvaba las de Spider-Man de Tobey Maguire, que creo que fueron las que abrieron el melón para lo que vino después. Fijaos si no estaba metido en el ajo que ni Iron Man ni Hulk las vi de estreno. Mi «clic» fue con el Capitán América. Ese personaje siempre me llamó la atención por lo que transmitía, y fue verlo en pantalla y meterme en este universo hasta la médula.
Cuando el cine era una fiesta
A veces echo de menos cómo se ponían las salas antes de Endgame. Era un evento total. La gente estaba emocionada, las salas estaban a reventar y, cuando terminaba la peli, la gente aplaudía. Hacía años que yo no veía algo así en un cine. Eso es lo que se ha perdido: esa sensación de que estábamos viendo algo importante.
Así que he decidido que voy a recapitular. Me voy a ver todo el UCM otra vez, de principio a fin y por orden de estreno. Quiero ver de dónde venimos y por qué antes, aunque la película no fuera de sobresaliente, se sentía que había un trasfondo, algo que hoy no encuentro por ningún lado.
Un poco de justicia
También os digo que voy con ganas de hacer justicia. Creo que hay películas que se llevaron palos innecesarios en su día y que hoy se merecen que las miremos de otra forma. Hablo de El increíble Hulk, de Iron Man 2 o de las dos primeras de Thor (que, comparadas con las dos últimas, para mí son obras maestras).
No me da miedo decepcionarme con alguna que recordaba mejor; si pasa, os lo contaré por aquí tal cual. Solo quiero reencontrarme con esa «chispa» y ver en qué momento exacto Marvel perdió la brújula.
Así que abro sección en el blog: Mis crónicas del UCM: En busca del alma perdida.
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